Page 22 - Calambur Ed.1
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y retomó su camino por Girardot cuando vio
a los policías llegar; bajó por todo Perú hasta
llegar al Parque Bolívar y entró a La Polinesa
para tomarse un café. Entretanto, escuchaba
el monólogo interno de un habitante de calle
que discutía con sus demonios. Pasados 20
minutos se dirigió al D1 diagonal a la Iglesia
Metropolitana para comprar una botella de
vino chileno y unas achiras.
Se sentó a beber en una sucia banca frente
a la fontana mientras sollozaba meditativa
mirando perdida el horizonte, a las palomas
revoloteando y a aquellos sedientos que
encontraban en la fuente una milagrosa
oportunidad para calmar la sed; ya se había
tomado más de la mitad del vinotinto al clima
que había comprado y saboreaba con gusto el
snack colombiano.
Un tipo de unos 40 que por ahí pasaba,
pantalón negro, camisa a rayas y zapatos
Ferrogamo, la miró jamente y se sentó a su
lado con una supuesta intención de consuelo.
–Una chica como tú –dijo –, derramando
lágrimas con aquél rostro angelical, resulta
todo un sueño celestial.
Lo que dijese él realmente le valía una
mierda, no le importaba si sus palabras eran
románticas o burdas, ya conocía el diverso
verbo que utilizaban los hombres para ligar;
sin embargo, a pesar de su angustia, estaba
muy caliente y deseaba con gran intensidad
tener sexo.
Tomó de la mano al hombre inesperadamente
y le respondió que poseía un ferviente calor
casi infernal, que su cuerpo destilaba pasión
que merecía ser compartida con el necesitado,
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