Page 21 - Calambur Ed.1
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CHUTE DE MEDIANOCHE
                                   Alejandro Mendigana*


                                 Era domingo, 19 de agosto. Mi novia apenas
                                 abría los ojos, tenía una leve resaca y estaba
                                 algo pesada mentalmente por el chute de
                                 anoche; agitada y con un amargo sabor a
                                 desconcierto, saltó de la cama para despertar
                                 de una inquietante pesadilla, eran las dos de
                                 la tarde y la cálida luz del sol penetraba las
                                 grisáceas nubes que cubrían el  rmamento
                                 y  empalidecían  la  habitación  donde  me
                                 encontraba. Era un quinceavo piso en las Torres
                                 de Bomboná, la vista era casi que panorámica
                                 y la fuerte corriente de aire hacía pensar en el
                                 oleaje del mar.
                                    Mi novia estaba hambrienta y excitada,
                                 solíamos hacer el amor dos veces al día: al
                                 amanecer, con el primer contacto visual, y al
                                 anochecer, luego de una larga jornada laboral
                                 en  que  nuestros  cuerpos  separados  ansiaban
                                 con gran ímpetu el placer de estar unidos. Pero
                                 hoy, por razones ajenas a nuestra voluntad y
                                 circunstancias inesperadas, no fue posible
                                 hacerlo.
                                    Ella salió del apartamento en busca de
                                 algo para comer, bajó por la calle Pichincha y
                                 giró hacia la derecha en Girardot; como solía
                                 suceder, siempre recibía morbosos halagos por
                                 su exuberante belleza, su tersa piel canela y
                                 el dulzor de sus cálidos ojos color miel hacía
                                 hervir de deseo a hombres y mujeres por
                                 igual. Cayó al Periodista para darse los plones


                                 *Estudiante de primer nivel de la Técnica Profesional en
                                 Actuación para las Prácticas Escénicas Teatrales.
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