Page 10 - Calambur Ed.1
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Acacia,  de  diez  años,  desesperada,  llorando  a
                         escondidas dentro del escaparate viejo, no sabía cómo
                         medir el dolor. Pasaba sus días sin entender cuánto era
                         demasiada ausencia. Le pesaba el vacío que sentía en
                         la panza cuando intentaba sonreír. Cada cumpleaños,
                         cada navidad, cada  n de año, tomaba el teléfono rojo
                         de su abuela y se sentaba junto a la puerta. Al principio
                         contaba  peatones  para  calcular  la  espera  de  aquella
                         llamada que, de antemano, sabía jamás iba a suceder.
                         Pero perdía la cuenta. Sumergida en un mar de pasos
                         ajenos, Acacia se había adentrado en el mundo de las
                         esperas y de mirar relojes interminables. Pero, aun así,
                         Acacia no dejaba de esperar.
           Creció y no encontró más refugio que la poesía.
        Pero el vacío en su panza aún estaba allí; sabía que
        era tiempo de dejar de anhelar. Lo estaba haciendo
        jodidamente bien, pues en ese universo de nostalgias
        y amarguras encontraba fortuna. Acacia aprendió a
        irse. “Agua, agua por todos lados, miro tu carta y no
        puedo creer lo sensible que eres”.
           –Soy agua y no sé si calmo la sed o si soy insípida,
        no sé si ayudo a la gente a vivir o están triste cuando
        falto.  Soy  agua  y  adoro  pensar  que  es  porque  soy
        sana, porque no te hago mal, salvo que me consumas
        mucho. Si me preguntan, yo solo quisiera ser río para
        no estancarme y poder saber si tengo la panza llena
        de agua estancada o si seguiré contando peatones
           Acacia sin tiempo, la Acacia sin dirección.
           –Solo tengo mi poquita fuerza para desbordarme
        cuando me creo valiente y quiero ser capaz.
           La Acacia que viajó una vez para querer mejor.




                                      SIN AMARRAR A ACACIA
                                              Susana Narváez*



        *Estudiante de segundo nivel de la Técnica Profesional en Actuación para las Prácticas
        Escénicas Teatrales.
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