Page 38 - Calambur Ed.1
P. 38
a un dios silente
cristian camilo mazo*
Lamento demasiado tu nacimiento, eres un
huérfano que no conoce ni padre ni madre.
Lamento tu trágico llegar, desconociendo tanto que
lo único que pudiste hacer fue con tu imaginación
jugar. Te perdono porque ahora conozco tu enojo,
tus altos impulsos, tus pataletas. Ahora entiendo tu
comportamiento con la vida. Te duele, lo sé, pero
yo no tengo la culpa. No sé porque me entregas
cargos de conciencia, dolores y demás. Crees que
posees la única verdad, y no, solo eres un infante
jugando con canicas. Eres petulante según lo que
me han dicho; no aceptas tus imperfecciones y te
la das de la gran cosa. Ahora perdona si mi actitud
te parece deshonrosa, pero tú me enseñaste a ver
por medio de cristales y espejos, a jar la mirada
a tus lunas, a tus estrellas. Hoy dejas mis cuencas
como agujeros negros que lo tragan todo. Pero
no me puedo tragar el peso de tu presunción,
porque vivo a tu sombra siendo tú la llama y yo
el tizón. Ahora basta, no quiero seguir hablando
de tus niñerías y menos de tus actitudes porque
estoy cargado de huracanes, temblores, mareas y
maremotos.
Las agujas se mueven al compás del envejecimiento, los ríos que
van por las venas son corrientes torrentosas que dan vida a visiones
tormentosas. Las cañas que sostienen este tronco solo sirven para avanzar
en el pantanoso lugar en el que vivimos.
Últimamente, la luz del astro rey quema más las pálidas y delgadas
cáscaras que recubren la desagradable forma carnosa. Aquí, donde lo
paradisíaco se ha consumido y ha quedado la forma amorfa de un reino
*Estudiante de segundo nivel de la Técnica Profesional en Producción de Contenidos
Audiovisuales
37

